Las siete maravillas del mar Báltico (II)

La gran capital mundial del ‘art nouveau’

Riga (Letonia)

Magnífica por su arquitectura y sus fachadas animadas por una estrambótica colección de gárgolas demoniacas y bestias míticas, el art nouveau es el alma de la capital letona (cuenta con más de 750 edificios de dicho estilo) que, a pesar de su apariencia tranquila y reservada, ha ligado sus barrrios más antiguos con modernos bares y centros de arte contemporáneo.

Como mejor se exploran las intrincadas y adoquinadas calles del centro medieval de Riga es paseando sin rumbo. La mayor parte del casco antiguo es peatonal y una vez el viajero se haya perdido en este dédalo de callejones y gabletes empezará a descubrir un asombroso paisaje de catedrales y agujas de iglesia que apuntan al cielo, grandes plazas y muros de castillos en ruinas.

Lo más turístico está en torno a la Ratslaukums o plaza del ayuntamiento, que quedó destruido durante la II Guerra Mundial y fue reconstruido por completo en el 2003. Lo mismo pasó con la Casa de los Cabezas Negras, levantada en 1344 como casa de fraternidad del gremio de comerciantes solteros alemanes de los Cabezas Negras, destruido por los soviéticos y recostruida en 2001. Hoy es residencia del presidente letón y no está abierta al público.

Para empaparse del espíritu de Riga podemos por ejemplo ir a la animada Livu Laukums, plaza con varias cervecerías al aire libre en verano y bordeada por una hilera de coloridos edificios del siglo XVIII, en su mayor parte convertidos en restaurantes. Aquí encontramos uno de los símbolos de la ciudad, la Casa de los Gatos, un edificio art nouveau adornado por unos asustados felinos negros en las torretas.

El distrito art nouveau (llamado Centro Tranquilo) rivaliza con el casco antiguo por ser el barrio más bonito de la capital. Su calle principal, Alberta ieia, parece un cuadro que podríamos observar durante horas, descubriendo a cada momento nuevos detalles. Obra casi en su totalidad del artista Mijaíl Eisenstein (padre del famoso director de cine), sus sorprendentes fachadas están llenas de figuras grotescas, de arbustos enredados y pavos reales, cabezas de león o extrañas máscaras. Para entender y profundizar un poco más conviene visitar el Museo de Art Nouveau de Riga.

La capital del agua

Helsinki (Finlandia)

Magnífica porque se funde elegantemente con el Báltico, como corresponde a la capital de un país de tan acuática geografía, Helsinki se asienta sobre un caos de bahías, ensenadas e islas que dibujan una la compleja línea costera. Su encanto encanto reside en lo antiguo: sus sobrios edifi­cios art nouveau, sus elegan­tes cafés centenarios, sus decenas de museos donde se conserva con esmero el patrimonio finlandés y sus restaurantes con carta y mobiliario iguales a los de 1930. Pero aunque parezca estar a la sombra de otras capitales escandina­vas, sus tiendas de diseño tienen fama internacional y presume de una interesante vida nocturna. Además, entre sus nuevos atractivos figura un panorama gastronómico al alza, con referencias gourmet que presumen de emplear productos locales.

Helsinki tiene más de 50 museos y galerías, aunque algunos tan crípticos que solo atraen a una minoría. Como el curiso museo de Historia Natural, culminado por una polémmica veleta en forma de espermatozoide fecundado por un óvulo. Para todos los públicos es la visita (imprescindible) a la “fortaleza de Finlandia”, Suomenlinna, levantada por los suecos a mediados del siglo XVIII en un apretado grupo de islas conectadas por puentes. Completan la experiencia varios museos como el Ehrensvärdmuseo, en la antigua residencia de los comandantes de la fortaleza, que da una idea de cómo era la vida cotidiana en aquellos tiempos.

En el centro de la ciudad, el corazón es la Kauppatori (plaza del mercado) de la ribera, desde donde zarpan los cruceros y ferris del archipiélago. Es un sitio bastante turístico aunque todavía quedan puestos auténticos de comida barata o de bayas y flores.

Lo más nuevo está en antiguos recintos industriales conventidos en populares complejos de ocio. Por ejemplo en Kaapelitehdas, un enorme complejo donde estuvo la principal fábrica de Nokia hasta los años 80, y que ahora acoge un gran centro cultural con estudios de diseño, galerías, exposiciones y frecuentes espectáculos de danza, teatro y música. Y, cómo no, también museos: uno de fotografía, otro de teatro y otro de hoteles y restaruantes. Otro recinto postindustrial reconvertido (y muy de moda) es Teurastamo, antiguo matadero entre las estaciones de metro Sornaimen y Kalasatama que alberga  ahora multitud de propuestas gastronómica a base de producto local e incluso una barbacoa de uso gratuito y una huerta urbana con hortalizas y hierbas aromáticas.

Otra buena opción para comer de forma original es zarpar hacia alguno de los numerosos restaurantes de su archipiélago: casi todos disponen de pequeños transbordadores desde los muelles de tierra firme. El más famoso es el estiloso Saaristo, en la isla de Luoto, famoso por sus cenas de mariscos.

Ciudad de cuento de hadas

Tallin (Estonia)

Magnífica por ser báltica 100%, fusionando lo moderno y lo medieval hasta conseguir un ambiente con estilo propio y muy atractivo. Antiguos pináculos de iglesia y palacios barrocos con rascacielos de cristal, cafés en plazas soleadas y rutas ciclistas hasta cercanas playas y bosques, todo ello adere­zado con reliquias soviéticas.

Pero la joya de Tallin, capital estonia, sigue siendo su casco antiguo (Vanalinn), protegido por la Unesco, un dédalo de torretas, agujas y callejas sinuosas de los siglos XIV y XV. Se considera uno de los recintos medievales con más encanto de Europa, sobre todo alrededor de la Raekoja plats, plaza dominada por un ayuntamiento gótico que culmina en una torre que parece un alminar, y a la que se puede subir para tener unas buenas vistas de la ciudad. En los alrededores hay antiguas casas de mercaderes, patios medievales recónditos y escaleras sinuosas que regalan vistas asombrosas. Es un mágico laberinto que suele llenarse (insoportablemente) de turistas cuando desembarcan varios cruceros el mismo día. La suerte es que todos los barcos se marchan por la tarde y la tranquilidad vuelve a reinar en estas calles adoquinadas a partir de las cinco.

Aunque los principales puntos de interés estén dentro del casco medieval, Tallin cuenta con atracciones algo más apartadas, como Kalamaja, un enclave de desmoronadas casas de madera y fábricas en ruinas que se ha transformado en uno de los barrios más interesantes de la ciudad. La enorme prisión de Patarei ha sufrido una extraordinaria transformación durante los últimos años, albergando un impresionante museo alrededor del cual hipsters locales abrieron bares y cafés en tiendas y almacenes abandonados. O Kadriorg, la zona verde preferida de los habitantes de Tallin, a dos kilómetros al este del casco antiguo, donde están el parque y el palacio barroco de Kadriorg.

Esplendor de arte entre canales

San Petersburgo (Rusia)

Magnífica por sus fabulosos palacios, sus románticos canales y por acumular un tesoro de arte y cultura extraordinario, la capital imperial de Rusia fue construida sobre una ciénaga por el zar Pedro I el Grande, pero se convirtió inmediatamente en una de las ciudades más deslumbrantes del mundo. Y lo sigue siendo. Desde el principio se concibió como un ejemplo del creciente poder de la Rusia imperial, y se contrataron a arquitectos europeos para levantar los fabulosos palacios y catedrales, convirtiendo la ciudad en un escaparate de la dinastía Romanov.

En San Petersburgo (Peter para sus habitantes), el agua está siempre cerca: tiene 342 puentes y numerosos canales que flanquan mansiones de estilo italiano y plazas con palacios barrocos y neoclásicos. La llamada Venecia del Báltico es un tesoro de arte y cultura que invitar a pasar días completos en el Hermitage, posiblemente el mejor museo del mundo, contemplando desde momias egipcias hasta cuadros de Picasso. O a descubrir el Museo Ruso, alojado en cuatro palacios suntuosos que albergan, posiblemente, la mejor colección de arte ruso del mundo. O a deleitarse con el ballet y la ópera en el teatro Mariinsky, incluido sus festivales de música en verano.

Toda la ciudad rezuma aire imperial, desde el Museo Fabergé, alojado en un bello palacio restaurado a orillas del Fontana, hasta los palacios zaristas que rodean la ciuda, como el de Tsarkoe Selo, en Puskin. Y por salirnos de lo obvio, proponemos una visita muy especial para disfrutar del espíritu único de San Petersburgo: una escapada a las islas Kirovsky, en el delta del Neva, que cuentan con frondosas avenidas en las que hacer picnics, practicar deportes acuáticos y disfrutar las mágicas Noches Blancas, que comienzan en mayo y alcanzan su punto culminante a mediados de junio, cuando el cielo nunca oscurece y toda la ciudad celebra el breve y fugaz estío.

Los veranos del Báltico

Gotland y Faro

Gotland es magnífica por sus iglesias medievales, su original ambiente veraniego y, sobre todo, por la ciudad amurallada de Visby, su principal núcleo urbano. Los comerciantes de los siglos XII y XIII llenaron esta bella isla de fabulosas iglesias (hay más de cien), aunque actualmente son sus remotas playas, las idílicas sendas para bicicletas y caballos, y sus peculiares formaciones rocosas las que atraen hasta esta ínsula del Báltico a visitantes de todo el mundo, que además encuentran muy buenos restaurantes y una animada vida nocturna en verano. Pero son sobre todo los propios suecos los que la han convertido Gotland en un destino ecológico para sus vacaciones.

Visby, ciudad portuaria protegida por la Unesco, invita a regresar a la Edad Media, paseando entre gruesas murallas, callejuelas empedradas, casas de madera de cuentos, ruinas evocadoras y empinadas colinas con maravillosas vistas del Báltico. Cuando llega el buen tiempo, Gotland se llena de veraneantes, especialmente durante la semana medieval, en la que el casco antiguo de Visby se llena de atuendos de época, recreaciones y mercados.

Los aficionados al cine y amantes de la naturaleza pueden poner rumbo al norte y visitar los escenarios de Ingman Bergman en Faro. El director de cine sueco descubrió Gotland en 1960 cuando buscaba localizaciones para una película y acabó viviendo y trabajando en la isla durante 40 años. Desde el 2004 se organiza en Gotland la Semana Bergman sobre la vida y la obra del director sueco.

Faro es además el lugar perfecto para salir a recorrer los senderos que rodean esta isla barrida por el viento, y hacer un viaje en el tiempo a través de sus museos al aire libre, casas de los siglos XVII al XIX o petroglifos del año 800 antes de Cristo. Un buen plan para disfrutar del norte de la isla es comenzar paseando por la magnífica playa de Norsta Aura, dspués alquilar una bici y pedalear por la carretera de rauers (rocas con aspecto de columna), almorzar en la Crêperie Tati, realizar una ruta hípica  montando un caballo islandés y despedir el día en Langhammarshammaren, punto más emblemático de Faro, con una puesta de sol preciosa.